viernes, 6 de julio de 2012

UN DÍA EN LA BIBLIA, MIL AÑOS DE EVOLUCIÓN?

Hace un tiempo vimos con mi esposa la película Sherlock Homes. En líneas generales me pareció que era una buena película, o digamos “se dejó ver”. Bueno, no quiero fungir en este momento como crítico de cine, porque después me van a decir que la película es muy mala, así que si no la han visto aún, veanla pensando en pasar un rato agradable, sin mayores pretensiones.
En la primera escena de la película, Sherlock Homes, con su inseparable amigo Watson, logran frustrar los propósitos malévolos de un siniestro personaje. En medio de una lucha cuerpo a cuerpo, Homes advierte la existencia de un objeto peligroso escondido en el traje del personaje antagónico, le neutraliza y aquel queda finalmente a buen recaudo de las autoridades londinenses. Bueno, una vez es vencido el enemigo, Watson le pregunta a nuestro héroe cómo fue posible que advirtiera la existencia del “arma”, aparentemente muy bien escondida y prácticamente invisible, a lo cual Homes responde, más o menos: “Lo vi, porque lo busqué”.
Esa sola frase, para mí, vale la película. Increíblemente simple, y sin embargo encierra toda una filosofía de vida. Sé, porque lo he podido ver muchas veces, que existen verdades asombrosamente evidentes, contundentes y claras, que sin embargo nuestra forma de aprehender conocimientos, nuestros prejuicios, el volumen de “humana sabiduría” o toda la basura que el mundo ha colocado en nuestra mente, no nos ha permitido reconocer. O, tal vez, nunca supimos que era necesario, para una inteligencia honesta, buscar si todo lo que hemos aprendido -o por lo menos algo de ello-, en el colegio, en la universidad, en las iglesias, en Nat Geo, Discovery Chanell, la Enciclopedia Británica, Wikipedia o el Libro Gordo de Petete, soportaba un análisis, voy a llamarlo así, “desde cero”.
Quiero poner un ejemplo. Tiempo atrás tuve una discusión con un par de amigos a quienes estimo muchísimo y aprecio sinceramente. Hablábamos acerca de la hiperconocida “Teoría de la Evolución”, de la que todo el tiempo nos saturan por los canales que ya mencioné y algunos otros, en los textos escolares, las revistas especializadas, etc. Desde una visión cristiana discutíamos, como ya dije, si la creación de la cual habla la Biblia ocurrió en seis días literales de 24 horas, o si más bien esos días podían ser considerados como “eras”, para ajustarlo a las “verdades” científicamente “comprobadas” (yo tengo mis dudas). Esto a partir de una cita bíblica que se encuentra en la Segunda Carta escrita por el Apóstol Pedro, en el Capítulo 3 y Versículo 18 que dice: “…para con el Señor un día es como mil años, y mil años es como un día”, idea que también se encuentra referida en el Salmo 90, Versículo 4: “Porque mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche”.
Bien, como cristianos hemos aprendido que la Biblia no requiere ser interpretada por nadie, incluso si se trata de autoridad eclesiástica autorizada, porque el texto mismo se interpreta. Esto si nos atenemos a unos principios fundamentales que yo resumo en dos premisas. Primero, la Biblia, casi como cualquier otro libro, debe leerse armónicamente. Esto es, si saco un texto de su contexto como pretexto para justificar mi posición, estoy “interpretando” de forma distinta al Autor, lo cual no es válido. Por tanto, el conjunto de textos que hablan sobre una materia específica, constituyen el material canónico a considerar para establecer puntos doctrinales definitivos acerca del tema en cuestión. Segundo, una idea traída del Derecho acerca de la interpretación de las normas jurídicas, habla de “el espíritu” con que fue elaborado originalmente un texto legal. Esto, aplicándolo en materia bíblica implica que es el Espíritu Santo, autor de las Sagradas Escrituras, el autorizado para concluir el verdadero sentido de una porción cualquiera del Libro Sagrado. Por tanto, el camino más expedito para determinar la interpretación correcta, es una comunión cercana e íntima, a través de la oración, con el autor intelectual de la Biblia (Salmo 25:14 “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto”), buscando con verdadera “hambre” que nos sean reveladas las verdades que Él prometió darnos a conocer (Juan 14:26 “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, aquel os enseñará todas las cosas, y os recordará todas las cosas que os he dicho”).
Esto ha sido comprobado millones de veces en lo que hace referencia a la teología central, o primer círculo concéntrico doctrinal, de la mayoría de las denominaciones cristocéntricas en la historia del cristianismo, cuyo fundamento de fe es estrictamente escritural y no basado en tradiciones sin conexión con el Texto Sagrado, ni en los “escritos” de los “jerarcas de la iglesia”.
Ahora bien, si me atengo por lo menos al sentido “contextual” de las dos citas anteriores, yo encuentro lo siguiente. En la primera referencia citada, Pedro está hablando acerca de la paciencia de Dios para con los que aún no se han arrepentido, haciendo ver cómo Cristo no retarda su promesa de volver una vez más con nosotros, sino que en su infinita misericordia espera a que muchos más procedan al arrepentimiento, y para callar las voces de los burladores que quieren hacer ver esa promesa como no cumplida, porque pasan los años y pasan los años y no se hace realidad, el escritor pone de presente que para Dios mil años o un día no hace diferencia. En el segundo texto en Salmo 90, Moisés está pidiendo a Dios que cambien los años de desolación y amargura por años de bendición y felicidad, porque la vida se pasa como un soplo, o como la vigilia de la noche a los ojos de Dios, y los hombres se envejecen y flaquean sin ver aún los días buenos. Es decir, pasan años y años sin ver los buenos tiempos, pero para Dios esos años son mucho menos que unas horas solamente. El sentido de los dos textos, o mejor el propósito, a mi juicio, es hacer ver cómo Dios no depende, como sí dependemos muchos de nosotros, del tiempo Kronos, porque el tiempo Kronos es algo creado por Él, pero Él es eterno, no se “mueve” como nosotros con el tiempo de años, meses, días y horas, sino que se mueve en “tiempos de cumplimiento” (Kairos), en “momentos proféticos” establecidos desde antes de la fundación del mundo. Dios no retarda sus promesas y nunca llega tarde, no está sujeto al tiempo Kronos, que si alguien tiene duda que fue creado por Dios, simplemente vuelva a leer Génesis Capítulo 1.
Ahora, haciendo una lectura casi exegética de los textos mencionados, tendríamos que decir que: "para Dios", un día es como mil años, pero para nosotros un día son 24 horas, porque esa forma de medir el tiempo en segundos, minutos, horas, días, semanas, meses y años, fue diseñada por Dios para nosotros. Para Él es otra historia. Es decir,  desde que se empieza a hablar de periodos de tiempo en este planeta, estamos hablando del tiempo Kronos.
De otra parte, y más allá de la discusión de si el texto bíblico es suficiente, o si toda verdad está contenida en él, o si para un cristiano es “legal” tener otras fuentes de revelación; esto es particularmente interesante. En mi caso, he tenido la experiencia de corroborar algunas verdades que Dios me ha permitido conocer en secreto, con las enseñanzas de hombres de Dios muy respetados y conocidos en el mundo cristiano, construidas igualmente a través de una relación de amistad con Dios. Dicho de otro modo, dos personas en puntos distantes de la tierra, aún con coeficientes de inteligencia diferentes el uno del otro y con prototipos o paradigmas culturales completamente distintos, pero con el mismo libro en sus manos (Biblia), teniendo al Creador del Libro al lado de ellos, llegarán a construir una teología similar en todos los aspectos fundamentales, y si llegan a observarse diferencias de criterio éstas serán marginales y no afectarán el eje central de su fe.
Volviendo a mi ejemplo, les cuento que mis amigos y yo no nos pusimos de acuerdo entonces y el tema quedó allí. (Aquí debo decir que este no ha sido el único tema de incompatibilidad de criterios con mis amigos, y que en más de una ocasión Dios me ha hecho ver que mis opiniones no se ajustaban a las verdades de Él, como si lo hacían las opiniones de mis amigos). El punto es que hay “tanta evidencia científica” acerca de la evolución que es difícil para muchos cristianos bien intencionados sostener algunas verdades históricamente aceptadas por la iglesia. Claro, esas dificultades, en mi opinión, se van desvaneciendo y van perdiendo su peso, cuando retomamos seriamente los postulados fundamentales de la interpretación bíblica que resumidamente expliqué.
Hace un tiempo, en una relectura del libro de Génesis, digamos “desde cero”, fui llevado a ver una afirmación bíblica tan clara sobre el particular, que me produjo un regocijo inocultable. Ahora, entiendo que vi esa verdad, como lo dijo Sherlock Homes, porque la busqué. Porque quise encontrarla. Si ese no hubiera sido mi interés, habría pasado de largo en mi lectura como tantas otras veces. Todos conocemos en líneas generales lo que habla la teoría de la evolución, de cómo surgieron los primeros seres unicelulares, luego los rudimentos de la vida vegetal, seguido por especies más “evolucionadas” de plantas, luego aparecieron los primeros organismos vivos en el mar que “evolucionaron” a seres alados (aves), y después surgieron los animales, según su especie y por último el hombre. Un dato curioso, que a mi juicio ha debido hacer reír a Dios en más de una ocasión: el mismo orden en que aparecen los seres “evolucionados” en la teoría materialista, es el orden en el que fueron creados según el relato Bíblico escrito miles de años antes de Darwin. Eso me hace pensar que los “sabios” de este mundo han caído en la trampa de su propia “sabiduría”, reconociendo que aún la evidencia “científica” sugiere pruebas de verosimilitud y precisión en el relato creacionista.
Sin embargo, ese no fue mi descubrimiento. En Génesis Capítulo 1, Versículo 11 dice: “Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto, según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así”. Versículo 13: “Y fue la tarde y la mañana el día tercero”. Versículo 16: “E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas”. Versículo 19: “Y fue la tarde y la mañana el día cuarto”.
Muy bien. Los conocedores de los textos bíblicos y de la tradición judía, saben que los días en la Biblia van de tarde a tarde. Es decir que la expresión “la tarde y la mañana” justifica que para los judíos los días se cuentan de seis de la tarde a seis de la tarde y no de doce de la noche a doce de la noche como lo hace la tradición occidental. Aquí hago una pregunta sencilla: ¿En el relato de Génesis 1 qué debe entenderse por día?, Respuesta directa: "fue la tarde y la mañana UN DÍA". Según el relato, y sugiero otra vez que lean todo el primer capítulo de Génesis, el tercer día (de tarde a tarde como dije), Dios primero separa las aguas de las aguas y crea la expansión llamada Cielos (plural), y luego, seguramente al final de la tarde del día tercero, antes del cuarto, crea toda la vegetación terrestre. Recién empieza el cuarto día, esto es en la tarde, crea al Sol primero y luego a la luna y luego las estrellas (éstas últimas seguramente terminando el día, es decir al caer la tarde y comenzando lo que podríamos llamar la primera noche verdadera, porque antes no había sol).
Algo que resulta obvio desde siempre yo no lo había visto porque nunca lo había buscado: Las plantas, como lo predica el conocimiento más elemental de botánica, no pueden sobrevivir mucho tiempo sin la luz solar, porque a partir de ella realizan la fotosíntesis, con la cual generan los nutrientes necesarios para su supervivencia. Por tanto, si los días de la creación fueran eras geológicas, o cada uno equivaliera como a mil años, primero tendríamos que reacomodar la aparición del sol no en el cuarto día, sino al comienzo del tercero o, en todo caso, simultáneamente con la aparición de las plantas. Bien, podríamos asumir que en un comienzo las plantas “primeras” podían sobrevivir sin luz solar y que luego fueron “evolucionando” a formas de vida dependientes de la energía solar, pero eso no se ajusta al sentido del texto que acabamos de transcribir porque allí nos habla de hierba verde, es decir hierba con moléculas de clorofila (perdón si no me expreso correctamente en términos biológicos, no soy científico) que es la que le da la tonalidad verde y que se utiliza para el proceso fotosintético, y plantas y árboles que dan semilla y fruto, etc., tipos claramente dependientes de la energía solar.
A mi juicio, para un cristiano intelectualmente honesto, es decir (no me vayan a tildar de irrespetuoso u ofensivo), un cristiano capaz de cuestionar (si incomoda a algunos la palabra “cuestionar”, simplemente cámbienla por la palabra “escudriñar”) absolutamente todo (como lo hacían los judíos bereanos [Hechos 17:10-12], como lo hace el Espíritu Santo [1ª de Corintios 2:10] y como lo “ordena” Pablo [1ª de Tesalonicenses 5:21]), forzar el texto bíblico aquí implica una “interpretación” subjetiva de la Biblia, por fuera del “Espíritu” que la inspiró, y con el único objetivo de acomodar la Biblia a los preconceptos y prejuicios humanos de la “ciencia”, siendo que el texto claramente se ve que no necesita ser interpretado. Si le creemos a la Biblia, que los días de la creación eran días de 24 horas como los conocemos, es entendible que el sol haya sido puesto sólo unas pocas horas después de la creación del mundo vegetal. Lo que sí no es entendible es que Dios haya ordenado a la tierra producir hierba verde, repito hierba con moléculas de clorofila, para que luego esos vegetales tuvieran que esperar cientos o miles o millones de años para usar esa clorofila. Eso ni siquiera concuerda con la arquitectura evolucionista.
Al respecto encontré, porque lo busqué, un blog en Internet que refiere cómo la “evolución” de la fotosíntesis, o mejor dicho la “aparición” de los modelos fotosintéticos en el panorama materialista de la evolución, parece ser la Gran Piedra en el Zapato del Evolucionismo, sobre lo cual aún en 2009 los “sabios” reconocen que hacen falta “muchísimos” datos para llegar siquiera a sugerir una teoría medianamente aceptable. Al final les pongo el enlace para los que estén interesados en el tema.
En conclusión, una verdad maravillosamente simple se había escondido de mí hasta que la busqué. Buscando cosas en Internet, me topé con una serie de videos de una organización internacional con sede en México llamada Científicos Creacionistas, que para mi asombro habían llegado a la misma conclusión que yo, varios años antes. ¡Es maravilloso el Espíritu Santo! Bueno, esos videos cuyos enlaces coloco al final, me motivaron a escribir esto con el objeto de invitarlos a reflexionar acerca de “descubrimientos” maravillosos escondidos en la Biblia, y que seguramente a muchos de ustedes les han sido revelados por el Espíritu de Dios. Bendiciones.

http://www.youtube.com/watch?v=rMgfaP-FIHM
http://www.youtube.com/watch?v=LpGXpx-WRCk&feature=related
http://www.youtube.com/watch?v=hDynR_ATtpg&feature=related
http://sedin-notas.blogspot.com/2009/04/la-evolucion-de-la-fotosintesis-una.html